Fotogrametría: I

  La fotogrametría se ha convertido progresivamente en un medio preciso y de bajo coste a la hora de documentar yacimientos y procesos arqueológicos. Con este primer artículo hacemos una pequeña introducción a la técnica fotogramétrica, definiéndola y esbozando brevemente las consideraciones a tener en cuenta si decide utilizarse, dejando para un segundo artículo las posibilidades de este método aplicado al campo de la arqueología.

  Parece innegable el impacto que está teniendo de un tiempo a esta parte el uso de la fotogrametría en arqueología a la hora de documentar y analizar yacimientos, tanto durante los propios procesos de excavación como una vez que estos han finalizado.

  El bajo coste del equipo necesario para estos trabajos y la precisión y fiabilidad de los resultados obtenidos nos permite implementar un conjunto de procesos de documentación tridimensional basados en esta tecnología, simplificando y acelerando el trabajo con respecto a la metodología más tradicional.

  Ser capaces de conseguir de una forma técnica y rigurosa la medición de objetos y, consiguientemente, generar documentación planimétrica fiable a partir de imágenes fotográficas, acelera considerablemente esos procesos de documentación con unos costes imbatibles si los comparamos con otros métodos de tridimensionalización conocidos tales como los escáneres láser.

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Fig. 1 Fotografía aérea de L´Alcúdia. Hemos rodeado en rojo el sector 10D donde se hallan los modelos realizados para este artículo.

  Pero veamos ahora qué es la fotogrametría y qué cuestiones hay que tener en cuenta a la hora de poder aprovechar su potencial dentro del mundo de la arqueología, dejando para un segundo artículo las aplicaciones reales a nuestro campo de trabajo.

  La fotogrametría consiste en un conjunto de métodos y técnicas que permite obtener, a partir de una serie de fotografías, una geometría del terreno fotografiado de la cual podemos derivar las formas, dimensiones, plantas y alzados de un espacio, al mismo tiempo que podemos visualizar sobre el modelo resultante texturas, colores y demás características físicas de ese yacimiento imprescindibles para el análisis del mismo. Las fotografías pueden ser hechas tanto desde tierra como desde el aire, dependiendo de las necesidades y características del espacio a modelar, siendo en líneas generales más apropiado el uso de fotos aéreas cuanto más grande es el espacio que queremos recrear.

  Por supuesto existen una serie de convenciones que hay que respetar a la hora de conseguir unos resultados óptimos y fiables. Para ello hemos de tener en cuenta dos aspectos básicos que repercuten en la calidad final del modelo tridimensional: la luz y la planificación de una estrategia de captura de imágenes adecuada.

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Fig. 2 Vista general de la parte del sector 10D donde se encuentran los modelos. A medio plano encontramos, a la derecha el pequeño muro modelado, y a la izquierda el rincón suroriental de la habitación. Las gravas rojas de la musealización se añadieron después de la realización de los modelos, motivo por el que no aparecen en éstos.

  La luz que incide sobre el terreno a modelar, partiendo de la base de que la mayor parte de las veces trabajaremos al aire libre, depende obviamente de la época del año y la hora del día en líneas generales, si bien pueden emplearse en ocasiones toldos o lonas para lanzar sombras en espacios donde los contrastes sean muy grandes. Y es que precisamente los contrastes bruscos entre espacios soleados y espacios en sombra pueden afectar gravemente a la geometría calculada fotogramétricamente para ese espacio, invalidando cualquier tipo de medición que quisiera hacerse sobre el modelo calculado. En consecuencia tener bajo control, en la medida de lo posible, las condiciones de luz es una cuestión de suma importancia.

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Fig. 3 Detalle del rincón suroriental.

 Con todo, resulta aún más importante a nuestro juicio establecer una correcta fórmula, un correcto recorrido de cámara, a la hora de tomar las necesarias fotografías. Esta cuestión está relacionada con la forma física del espacio a capturar, la comprensión que el fotógrafo tiene del mismo y las necesidades técnicas o expositivas y de documentación que se quieren cubrir mediante la realización de ese modelo en particular. Deberemos fotografiar en la medida de lo posible de forma frontal al espacio que se quiere representar, aproximadamente en ángulo de 90 grados con respecto a eje de la lente de la cámara, adaptando el recorrido a la forma del espacio y sin olvidar ninguno de los elementos que se desean en el modelo. Habremos de evitar la modificación de la distancia focal (manipulando el zum, por ejemplo) y teniendo en cuenta durante la sesión fotográfica que los distintos planos han de solaparse del orden del 60% con respecto a los inmediatos para conseguir que el software calcule correctamente ángulos y distancias. El fotógrafo habrá de moverse a lo largo de la línea fotografiada buscando los 90 grados de incidencia sobre el terreno y evitará siempre quedarse quieto en un punto y, variando el ángulo de disparo, fotografiar todo el espacio desde ese punto.

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Fig. 4 Detalle del pequeño muro de la misma habitación.

  A partir del conjunto de fotos tomadas, y con el software adecuado, podemos generar nubes de puntos comunes y geometrías en forma de malla poligonal que definirán las características topográficas del terreno. Sobre éstas se proyectan a posteriori las texturas sacadas de las propias fotografías obteniendo de este modo una “maqueta” virtual a escala del espacio original que puede ser procesada informáticamente.

  Conseguido este modelo infográfico a escala estaremos ya en disposición de utilizar los diferentes paquetes de software existentes en el mercado para cualquier tipo de manipulación o edición de imágenes, mediciones, cálculos de curvas de nivel, etc., que precisemos sin necesidad de tener que volver físicamente al yacimiento, generando la documentación que necesitemos. Los modelos pueden también ser empaquetados como documentos electrónicos y enviados a colegas interesados que de esta forma reciben una representación del yacimiento sobre el que podrán hacer los cálculos que precisen para sus trabajos de acuerdo a sus propios criterios y necesidades.

  También nosotros en Ilici hemos recurrido de un tiempo a esta parte a esta técnica. A continuación incluimos un par de pequeños ejemplos realizados recientemente en uno de los sectores (sector 10D) del yacimiento de L’Alcúdia.

Autor| José Antonio Cañadilla

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